4 de Agosto del 2010

AGRADECIMIENTO DEL DR. GILBERTO RIO HIDALGO.
Santiago de Cuba, 30 de julio 2010.


Primeramente reciban un afectivo saludo de un médico cubano que vivió por
casi un año entre ustedes, los buenos amigos y compañeros cubanos,
etíocubanos y etíopes.
Una manera de mostrar mi sencillo y modesto agradecimiento, es escribir
esta carta que ojala pueda llegar a cada una de todas estas personas que
convivieron, trabajaron y compartimos un año de mi vida. Nunca los
olvidare y les deseo muchas cosas buenas en la vida.
Al enfermarme de manera sorpresiva perdí la oportunidad de tener un
segundo año para compartir con todos ustedes en Etiopia; pero logre salvar
la vida gracias a la gran ayuda que recibí por el esfuerzo colectivo de
todos ustedes y gane experiencias inolvidables y sobre todo muchos nuevos
amigos.
Hoy cuando escribo estas líneas hace exactamente un año que salí de Addis
Abeba rumbo a Cuba y aun respiro aire etíope y siento muchas veces la
sensación cuando me despierto al amanecer que voy a escuchar la voz del
Dr.  Perdomo (el ortopédico y mi compañero de casa) que siempre temprano
en la mañana  me decía “RIO TIRATE DEL PALO” y entonces eso indicaba que
debía levantarme y prepararme rápido para ir en la guagüita con los otros
médicos para el trabajo en el  Hospital.
Quiero que sepan que  haber estado en Etiopia es la experiencia más grande
que he tenido en mi vida. Tuve la oportunidad de conocer  un país muy
singular con muchos valores históricos, tradicionales y culturales, y con
mucho amor patriótico. Es un país de hombres valientes  que está unido a
Cuba muy fuertemente  para siempre. Un país donde nuestros hermanos
cubanos derramaron su sangre y algunos perdieron su vida por proteger la
soberanía y la independencia de ese país amigo.
Yo en lo personal creo que tengo mayores motivos para tener a Etiopia en
mi corazón, pues por desgracia estuve gravemente enfermo en ese lejano
país, y allí siempre tuve en mi cabecera junto a los buenos compañeros
amigos cubanos,  a los amigos etiocubanos que estuvieron pendiente de mi
en todo momento y me ayudaron de múltiples formas y realmente gracias a
esa unidad y hermandad todo funciono de manera perfecta para que yo
pudiera rebasar la enfermedad y así pudiera regresar con vida a mi país y
reencontrarme con mi fa familia que vivió días muy duros al saber que yo
me encontraba gravemente enfermo tan lejos y ellos sin poder hacer nada
por mí, solo dependiendo de un teléfono y de información por correo
electrónico. Pero debo señalar que mi familia siempre tuvo la certeza de
que yo estaba siendo muy bien atendido en mi enfermedad y que nunca me
falto nada que fuera necesario para mi recuperación.
Están gravados en mi mente todos los momentos de mi estancia en ese país
lejano y en todas las vivencias laborales y sociales o de cualquier otro
tipo siempre estuvo la presencia de los buenos amigos cubanos y
etiocubanos. Eternamente recordare cada calle, cada lugar, nuestra casa de
CMC, la Casa del Gordo, así pusimos como nombre al pequeño Bar-Restaurant
cercano a nuestra  casa donde nos reuníamos frecuentemente y disfrutábamos
de la buena cerveza San George,  los juegos de beisbol los domingos, los
partidos de domino en la casa, comer la enyera, comer con la mano, comer
con picante, comer carne de res cruda, el buen café etíope, y la ceremonia
del café, el maquiato, el idioma amárico del cual aprendimos algunas
palabras elementales, su religión, la peregrinación masiva con las copias
del Arca de la Alianza, el Fasting del ayuno, Sodere y sus aguas termales
muy calientes y sus pequeños monitos sueltos saltando  alrededor de
nosotros, sus bailes típicos y sus fiestas, el calendario diferente al que
nos tuvimos que acostumbrar, el saludo etíope entre los amigos, y muchas
otras cosas que formaron parte de nuestra vida diaria por el tiempo que
estuvimos allí.
Debo decirles que el fenómeno ETIOCUBANO es algo muy significativo y es un
producto maravilloso de buenos hombres y mujeres. Aquel grupo de 5000
niños etíopes que vinieron a Cuba, que  estudiaron, crecieron y se
hicieron hombres y mujeres, técnicos y profesionales, hoy después de casi
dos décadas de haber regresado a Etiopia, y ya con alrededor de 45 años de
edad promedio, son hombres de bien, trabajadores, padres de familia y que
tienen como propias en su personalidad nuestras costumbres cubanas, con un
dominio perfecto del idioma español, conocen nuestra historia, gustan de
la comida cubana (el congrí, el puerco asado), bailan música salsa, juegan
domino y beisbol, les gustan los cuentos de pepito, me atrevo a decir que
casi se confunden con los cubanos. Es impresionante ver como esos hombres
y mujeres aman a Cuba y recuerdan con nostalgia todos los años que
vivieron en nuestro país.
Hoy todos esos hombres y mujeres son los mejores amigos de los cubanos, y
muchos de ellos han hecho posible que nosotros los médicos y profesores
cubanos nos sintiéramos mejor y más seguros en Etiopia, pues siempre han
estado cerca de nosotros para ayudarnos, protegernos, compartir con
nosotros y hacer que nuestra vida sea más grata allí en ese país de África
que esta tan lejos de nuestra isla.
Aunque no es muy bueno mencionar nombres porque siempre se corre el riesgo
de ser injusto al dejar de referirse a alguien que lo merece; quiero dejar
plasmado en este documento algunos de los nombres más significativos que
de una u otra manera siempre estuvieron pendientes de toda la brigada
médica. Quiero comenzar por Yonas, el flaco, un hombre de poca estatura;
pero con un corazón muy grande que lo hace ser un gigante y que se entrego
por completo a los cubanos y que siente por Cuba un amor y agradecimiento
extraordinario. Otros buenos amigos fueron también Sanson y Daniel el de
la San George que siempre acudieron a nuestro llamado y compartieron con
nosotros cada instante de nuestro tiempo en Addis Abeba, Samuel Ketema el
informático que siempre estuvo atento a todas nuestras dificultades con
equipos y computadoras, el noble y buen amigo Gedión que siempre con buen
carácter y con una sonrisa corría con nuestras llamadas y nuestros
problemas. No puedo dejar de mencionar a Tito siempre muy decente y
callado y su Hamburguesera “Los Cubanos “en la que pasamos buenos ratos,
el Dr. Mesfin el estomatólogo y su esposa, Dr. Derege (estomatólogo), el
buen amigo Mekden (veterinario) y su familia, David el más pequeñito y
vecino de nuestra casa.  La Dra. Mulo (neonatología) y su esposo que es
medico intensivista, Dr. Siyún (cirujano). La buena amiga Rebeca tan
buena, sencilla, que cada mañana era la primera en llegar al hospital
donde ingrese y con mucho amor nos brindaba un buen desayuno y una oración
en favor de mi mejoría. Yibra el arquitecto, la compañera Achínalo muy
gentil y preocupada con nuestros problemas y que siempre estuvo muy
pendiente de mi enfermedad. Los dos Bisrat el grande y el otro más
pequeño,  el otro Yonas (mas alto), Aberra el buen amigo de Nazaret,
Idalberto y Maru el flaco que corría como una liebre, Teddy el chiquitico
y Teddy Brawn. Kennedy y su esposa Ansale  enfermera, la compañera Zenay y
Tesfay vecinos de nuestra casa en CMC y buenos amigos. Fish y Pubis. Y
otros  buenos y fieles amigos etiocubanos.
Quiero agradecer a todo el personal de la BRIGADA MÉDICA CUBANA
encabezados por el Dr. Héctor Daniel Perdomo (cardiólogo y jefe de la
brigada médica), Dra. María Eugenia García Céspedes (medicina interna),
Dr. Roberto Bonne Comerón (maxilofacial), Dr. Carlos Perdomo (ortopédico),
Dr. Cándido Betancourt (estomatólogo), Técnico Yurek (electromédico), Dr.
Rolando Vergara (estomatólogo), Dr. Samuel (médico legal), Dr. Humberto
García (médico legal), Dr. Ernesto Rodríguez (Ginecólogo), Dr. Eliécer
(oncólogo).
 Al enfermarme todo el colectivo de la brigada médica tuvo una sola tarea
principal que fue reorganizar el trabajo de manera que se garantizara
principalmente los cuidados necesarios, vigilancia, alimentación y el
tratamiento adecuado que yo recibiría, fue como si todo se paralizara
para ocuparse de mí. Todos ellos con mucho interés, mucha disposición y
muy buena voluntad se entregaron a mis cuidados tanto en la etapa que
estuve en ingreso domiciliario en la casa, como durante los días de
máxima gravedad que estuve ingresado en la Terapia Intensiva del Addis
Cardias Hospital.
Creo justo señalar que a el Dr. Héctor Daniel por su doble condición de
cardiólogo y jefe de la brigada médica al igual que la Dra. María Eugenia
especialista de medicina interna, les correspondió una mayor participación
y responsabilidad tanto del punto de vista asistencial como en la
coordinación e integración con los médicos del Addis Cardias Hospital ya
que  mi enfermedad que fue una Trombosis venosa profunda y como
complicación posterior un Tromboembolismo Pulmonar. De la misma manera
siempre recordare que el Dr. Perdomo, por ser mi compañero de casa, le
correspondió una gota mayor de sacrificio pues en todo ese periodo de días
en todo momento estuvo conmigo y en los peores días estuvo  noches enteras
pendiente de mis dolores y falta de aire, además  con mayor frecuencia
cocino mis alimentos, lavo mis ropas y cumplió roll de enfermero, pues
también asumió ponerme las inyecciones intravenosas que se me aplicaron
como parte del tratamiento intradomiciliario. Recuerdo que la noche de
más gravedad antes del ingreso el Dr. Bonne renuncio voluntariamente a
salir a una actividad oficial de la brigada para quedarse conmigo y
conjuntamente con la Dra. María Eugenia esa noche los dos en mi cabecera
me acompañaron y cuidaron. Pero repito todos me ayudaron y dieron lo mejor
de cada uno en función de mi enfermedad.
Fue admirable la forma en que este colectivo de médicos, de diferentes
edades, diferente carácter y procedentes de diferentes provincias, que
apenas nos conocíamos antes de llegar a Etiopia, en muy poco tiempo nos
fusionamos y nos integramos para formar un grupo de amigos, una verdadera
familia, que siempre marchamos unidos.
A los compañeros de la BRIGADA DE PROFESORES CUBANOS que con nosotros se
unieron y siempre en actividades formales e informales compartimos y
durante mi enfermedad también se sumaron a la tropa de choque que se
rotaban para cuidarme. Entre ellos  la profesora María Isabel, el profesor
Silvino Vargas, Idalberto, Adrian el jovencito siempre risueño, y también
Iván y Rolando que durante mi viaje de regreso a Cuba me ayudaron mucho
con mi eqipage y que junto con la Doctora Maria Eugenia cuidaron de mí
hasta que en la Habana me entregaron a mi famita que allí me esperaba.
A los compañeros de LA EMBAJADA DE CUBA EN ETIOPIA donde comentario aparte
merece la Embajadora Clara Pulido que siempre estuvo pendiente de mi
enfermedad y personalmente en múltiples ocasiones me visito  en la casa y
en el hospital donde estuve ingresado. Ella me dio apoyo, confianza,
aliento, y en alguna ocasión seco mis lágrimas en el momento de más
desesperación. Es una persona maravillosa donde se reúnen virtudes como la
profesionalidad, gran responsabilidad, exigencia, y que con sabiduría y
ternura es capaz de guiar un colectivo.  Danilo el administrador de la
embajada siempre demostró ser un gran amigo que se integro al colectivo
medico cubano como uno más y finalmente  el Cónsul Ernesto y Maelis la
Agregada Diplomática  que también estuvieron siempre pendiente de nuestro
trabajo.
A los médicos especialistas, al personal de enfermería y técnicos del
Addis Cardias Hospital, donde estuve ingresado en la sala de terapia
intensiva, que con mucha profesionalidad me brindaron la mejor atención y
cuidados y que con mucha ética se integraron a los médicos cubanos en las
valoraciones sobre mi enfermedad y el tratamiento que recibí.
A todos los compañeros del  Paul’s Hospital, los  médicos como el Dr.
Ayelin nuestro vecino y  jefe del departamento de cirugía en el hospital
que siempre nos ayudo y nos represento frente a cualquier situación, el
Dr. Alemayehu urólogo como yo, mi colega más cercano, Dr. Samuel
(cirujano), Dr.Befecado (cirujano), Dr. Girmay (cirujano), los dos médicos
otorrinos Dr. Mésele y el otro flaco alto, el Ruso (gastroenterólogo), Dr.
Abran (ginecólogo), la doctora radióloga etiocubana, las  enfermeras como
Méselo, Betty, Nardo y los técnicos como Samuel el Optometrista que
siempre  nos ayudo y que con sus rezos y oraciones puso todo su esfuerzo y
deseo en que se lograra mi mejoría,  a Isabel de la farmacia del Paul’s, y
en especial al personal de la dirección del hospital que tanto cooperaron
con los médicos cubanos y conmigo en particular en todo lo relacionado con
mi enfermedad.
Y dejo para el final a un amigo y hermano el Dr. Carlos Cobas, urólogo y
compañero de mi hospital en Santiago de Cuba,  que fue el jefe de la
segunda brigada médica cubana en Etiopia, el nos recibió y compartió con
nosotros durante sus últimos 27 días en Etiopia y nos dio gran ayuda que
fue muy valiosa en la adaptación rápida al trabajo y la vida diaria en ese
país y durante mi enfermedad estuvo muy pendiente de mi familia aquí en
Cuba.
A todos muchas gracias.
Dr. Gilberto Rio Hidalgo.




30 de Julio del 2010

La Asociación de Amistad entre los Pueblos de Etiopía y Cuba prepara Certificados para dar reconocimiento a los que han dado soportes monetarios para su fortalecimiento y a los cubanos que han culiminado exitosamente sus  servicios en nuestro pais.










Carta de invitacion enviado por ICAP

La Habana, 13 de Julio de 2010
"Año 52 de la Revolución"

Cro. Getachew Eyob
Presidente de la Asociación de Amistad entre los Pueblos de Etiopía y Cuba


Estimado Amigo

Del 11 al 12 de septiembre del presente año, se efectuará el III Encuentro Africano de solidaridad con Cuba, Luanda Africa.

Este será un acontecimiento de gran importancia, en el año 50 de África y el marco del 50 aniversario del ICAP, en el que los amigos angolanos y nuestro Instituto estamos trabajando de conjunto, para realizar un evento solidario a la altura de los indestructibles lazos que unen África y Cuba.


Para el ICAP será un gran placer y una participación importante para el evento en si, contar con la representación de esa institución amiga, que usted preside, por lo que estamos extendiendo invitación a dos miembros de la misma.


Los delegados que se seleccionen solo deberían cubrir el costo de los pasajes, ya que la estancia y la participación, serán cubiertos por el país sede. De existir interés por parte de otros amigos, serán muy bienvenidos, pero deberían cubrir todos los gastos.


Atendiendo el poco tiempo que queda hasta la fecha del encuentro, recabamos su colaboración para recibir a la brevedad posible la confirmación de los amigos que participaran así como los datos de contacto para el envió de toda la información al respecto.


Con un saludo solidario nos despedimos, agradecidos como siempre de esa solidaridad amiga que siempre nos brindan los hermanos etíopes.

 

Un abrazo solidario,

 

MsC. Orlaida Cabrera Gutiérrez

Directora África y Medio Oriente

ICAP






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